Maldito punctum!!

“La fotografía repite mecánicamente lo que nunca mas podrá repetirse existencialmente”

Roland Barthes, “La cámara lúcida”.

411094095_61fb744c04_b.jpg

El tema principal de La cámara lúcida es la muerte y la búsqueda de la esencia de la fotografía a través de lo que sería su noema: lo que está en ella ha sido necesariamente, dice finalmente Barthes.
En este autor, como ya sucediera con Susan Sontag, aparece la idea de que la fotografía sólo adquiere valor con el paso del tiempo, pero en el caso de Barthes este valor también viene cuando se produce la desaparición irreversible del referente y la muerte del sujeto fotografiado (estas dos ideas no las señalaba explícitamente Susan Sontag). Es decir, sintetizando, la esencia de la fotografía es precisamente la obstinación del referente en estar siempre ahí: la momificación del referente. Esa presencia fugaz dota a la fotografía de un contenido patético. Al lado de la muerte, en el libro, aparece también el amor y la nostalgia (del amor materno).Comienza Roland Barthes recordando como lo que la fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente. La fotografía lleva siempre su referente consigo y están marcados por la misma inmovilidad amorosa o fúnebre (p. 33). Precisamente es esta adherencia del referente lo que provoca que haya una gran dificultad en enfocar el tema de la fotografía (p.34). Hay algo terrible en toda fotografía: el retorno de lo muerto. Barthes confiesa que le interesa profundizar en la fotografía pero no como tema sino como herida.

Distingue este autor dos elementos en toda fotografía:
El studium: tiene que ver con la cultura y el gusto.
El punctum: pinchazo o corte. El punctum de una foto –señala Barthes– es ese azar que en ella me despunta (pp. 64-66).
Con relación a la fotografía como arte, Barthes considera que su forma de entroncar con las Bellas Artes o el arte en sentido general es a través del teatro que está más cerca de la muerte que la pintura. El fotógrafo mientras fotografía está sometido a varias sorpresas: lo raro, inmovilizar una escena en un momento decisivo, la proeza, las contorsiones de la técnica y el hallazgo. Barthes considera que la fotografía sólo puede significar adoptando una máscara (pp 76 y 77).
El autor de La cámara lúcida se encuentra con que hay un tipo de fotografía que, aunque posee el studium, carece por completo de un destello que atraiga o lastime. Es lo que llama fotografía unaria: trivial, quizás sólo compositiva (p. 85). En este grupo se pueden encontrar la fotografía pornográfica y la de reportaje. Para él, no es posible establecer una regla de enlace entre el studium y el punctum; se trata de una copresencia. El punctum muy a menudo es un “detalle”, puede ser mal educado y tiene una fuerza de expansión a menudo metonímica (p. 90). En ocasiones puede llenar toda la foto (p. 93). Mientras el studium está siempre codificado, el punctum no lo está y siempre es innombrable (p. 100). El punctum tanto si se distingue como si no, es un suplemento: es lo que añado a la foto y que sin embargo está en ella (p. 105). Crea también el punctum un campo ciego (p. 106), es como si fuera un más allá del campo (p. 109). En definitiva, el punctum como punto de fuga al infinito en la imagen fotográfica.

Leave a Reply